2022-07-18 11:20:37

"El humor se convierte en una herramienta fundamental en la superación de las crisis" | Entrevista a Angie Rosales

Ya hace más de veinte años que, con la nariz roja puesta, la fundadora de Pallapupas, Angie Rosales, inició una revolución —“poética y silenciosa”— porque nunca más nadie viva la enfermedad desde la soledad o el miedo. Hablamos con ella sobre cómo el poder de la risa ha llegado al sistema sanitario para transformarlo. Y es que “curarse quiere decir muchas más cosas que sanar un órgano”.

Según el último Informe de Salud de Cataluña un 3,9% de los niños menores de quince años pasó como mínimo una noche en el hospital el 2020. ¿Cómo altera un ingreso hospitalario a estos niños y niñas y sus familias?

Normalmente cualquier ingreso hospitalario supone un caos tanto para las familias y el entorno como para los niños. El que pasa es que los niños y las niñas lo viven de una manera más ingenua, porque no conciben la perspectiva del tiempo y del futuro de la manera como lo hacemos nosotros. Creo, pero, que hay un factor muy importante que condiciona el grado de alteración que puede suponer el ingreso: el motivo por el cual esto sucede. Cuando es a causa de un problema grave, es evidente que altera mucho más. Pero, en cualquier caso, a todos se los hace presente la vulnerabilidad de la propia vida. Vivimos en una sociedad donde nos sentimos inmortales de alguna manera. Vivimos a espaldas a la muerte porque no hablamos de ella, no nos imaginamos que algún día moriremos, a pesar de ser la única certeza que tenemos.

Y, de repente, que enfermes o entres en contacto con una enfermedad, despierta una conciencia de la muerte que, a algunas personas, les hace replantearse cómo quieren vivir su vida. La enfermedad nos da a todos un toque de atención, reordena nuestras prioridades sobre qué es y qué no es importante en nuestra vida.

¿Quién son los Pallapupas y como los pueden ayudar?

Nosotros somos una herramienta de apoyo psicosocial fundamental en la gestión de la crisis, del miedo, de la ansiedad y de la incertidumbre que genera una situación como esta. Y es que el humor acontece una herramienta fundamental en la superación de las crisis porque te permite relativizar aquello que estás viviendo; el hecho de destensar esta situación, hace que la vivas de una manera muy diferente.

¿Qué formación hay que tener para ser un Pallapupas?

Hay que ser un actor, un payaso. Y esto requiere formación teatral y formación especializada en clown. Es verdad que empieza a haber perfiles más relacionados con el mundo del trabajo social, pero tienen que haber pasado por la formación de payaso. Para poder trabajar a Pallapupas, hay que tener un mínimo de tres años de experiencia. Nosotros escogemos el personal artístico a través de un casting, y para pasarlo se tiene que presentar un número hecho e improvisar durante unas horas. Y sin una formación es difícil sostener esto.

¿Cómo funciona vuestro método? ¿Cómo es una intervención?

Las sesiones duran unas cuatro horas y media durante las cuales visitamos desde consultas hasta ingresos y quirófano, depende del hospital. Previamente a la intervención, hablamos con el hospital y pedimos hacer presentaciones con todos los equipos implicados. Para nosotros es muy importante explicar a los profesionales con los cuales trabajaremos cuál es el payaso con que se encontrarán, porque mucha gente tiene en el imaginario un payaso de circo, exagerado e histriónico, y nosotros no tenemos esta imagen en absoluto. Estas reuniones previas sirven, además, para que puedan compartir sus desavenencias, si hubiera. Generalmente, pero, a medida que ven como vayamos trabajando, que es respetando muchísimo en la persona enferma, su entorno y el entorno en el cual trabajamos (recibimos mucha formación por parte de los profesionales, tanto médica como psicológica y adecuamos siempre nuestro tono al que allá está pasando), se van relajante y empiezan a confiar. Y cuando confían es cuando salen cosas muy buenas.

¿Cómo os reciben los pacientes?

A muchos usuarios los sobta nuestra presencia e incluso en alguna ocasión nos han preguntado dónde era la cámara oculta. Pero excepto algunos casos, que nosotros siempre respetamos, casi todo el mundo acaba entrando en el juego cuando aparecen los Pallapupas. Algunos tardan un minuto, otros, un mes o un año. Pero casi nadie se resiste al encanto de los Pallapupas.

Ya hace más de veinte años que os dedicáis a “transformar los hospitales en espacios más amables” y hace también una docena que impartís clases en la Universitat de Barcelona para formar a los futuros médicos “en la mejora de la comunicación y la relación con el paciente”. ¿Cómo de importante es vuestro trabajo para el sistema sanitario?

Justamente estamos hablando con el Departamento de Salud porque queremos acontecer un estándar del sistema. Hay un movimiento muy potente en todo Europa sobre como las artes pueden incidir en la salud de las personas, y nosotros nos metemos y nos sentimos absolutamente reflejados. Salud y derechos sociales y bienestar tendrían que ir juntos. A pesar de que aquí, cuando entramos en un hospital, nos centramos muchísimo a curar la enfermedad, curarse quiere decir muchas más cosas que sanar un órgano: que te traten bien y que te acompañen en todo el proceso de una manera diferente, no solo con la mirada científica.

¿Creéis que la cura emocional está bastante valorada socialmente?

No. En absoluto. De hecho, la única parte buena que yo le he visto a la pandemia justamente tiene que ver con esto. Nos ha dado más conciencia que la salud emocional de las personas es extremadamente importante y frágil a la vez. Por fin hemos sentido a los políticos hablar de la salud emocional de la población. Confiamos que esto hará que a partir de ahora se visibilice esta necesidad.

¿El humor (como dicen que hace el tiempo) lo puede curar todo?

Yo creo que el humor, sin duda, te coloca de una manera diferente ante la enfermedad: hay muchos estudios sobre su impacto positivo en la salud de las personas. ¿Que lo cure todo? Pues en algunas situaciones posiblemente ayude y en otras, no. Aun así, el proceso que hace que una persona muera en paz es extremadamente importante y, sin duda, el humor propicia que se den situaciones facilitadoras para este final.

Decís que “reír es una cosa muy seria”, ¿pero podemos reírnos de todo? ¿Donde están los límites?

Tenemos que diferenciar bien el qué es “reírse con” de “reírse de”. Reírse de alguien o de alguna situación si el otro no juega no es reír, es ridiculizar y es hacer daño. Para mí aquí está el límite. Pero nos tenemos que poder reír de todo. Es sanísimo.

¿Qué es lo más difícil de vuestro trabajo?

Nuestra propia moral. Construir cada día con los usuarios que visitamos y con el entorno donde trabajamos la idea de humor sin ningún prejuicio. Y esto es una cosa muy difícil, porque nosotros no estamos exentos. Personalmente, a mí el que más me ha costado en mi carrera es el humor ante una persona terminal. En este caso se trataba de un niño, y la familia nos llamó porque él había pedido despedirse de nosotros. Cuando entramos en aquella habitación, mi compañero hizo el intento de sacarse la nariz roja, pero su madre nos dijo que nos había conocido con la nariz puesta y así es como se despediría. Y todo y la dureza de la situación, reímos en aquella habitación: una sonrisa pequeña, de complicidad, de pena y de paz. Fue una gran lección. Vi que, aunque mi construcción moral de entrada no me lo permitía, podía romperla para hacer mucho. Pero romper con esta educación moral que hemos recibido es algo complejo y siempre tiene que venir o bien dado por el otro u ofreciendo tú una invitación elegante y sutil. Nunca a la fuerza. Siempre digo que esto que nosotros hacemos es una revolución. Poética y silenciosa. Pero es una revolución.

¿Cuáles son vuestros retos de futuro? ¿Qué querríais conseguir?

Nosotros lo que queremos es ser un estándar en el sistema de salud. Es un objetivo compartido por todas las entidades de payasos de hospital del mundo y estamos trabajando con la OMS. Por otro lado, también trabajamos con el Hospital Clínico para ver cómo implementamos este nuevo modelo de intervención y cómo todos los proyectos de origen no sanitario, pero con impacto terapéutico, pueden convivir con la medicina más pura.

 

Entrevista publicada en Món Docent por Emma Bouisset Carrascal.

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